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Realismo turístico

Mi reciente artículo exhortando a cuidar las playas por su importante valor estratégico para el turismo y por tanto para la economía, provocó comentarios en la red.

No fueron argumentos con buen sustento, pero estimulan a volver sobre el tema, porque sobre la extendida presencia del turismo de sol y playa y la modalidad todo incluido se han creado mitos que deben ser desmantelados, para no perder tiempo persiguiendo un enemigo inexistente.

Quienes conocen en París el entorno de la famosa Opera Garnier, saben que en esa zona está en hotel Intercontinental, de hasta 700 euros la noche, pero también existen docenas que están entre los 75 y 200 euros, más de los primeros que de los últimos. Madrid tiene en el Paseo de la Castellana el hotel Villa Magna a 600 euros y el Meliá Fénix a 350 y en su proximidad hay docenas entre 75 y 200 euros. En Madrid y París, próximo a las tiendas de grandes diseñadores están los ventorrillos; y junto a los restaurantes de 200 euros por persona, están los de 30.

Así son los destinos turísticos, un poco de lujo, amplia oferta para el viajero intermedio, algo para los que gastan muy poco, ofertas sofisticadas, exclusivas, únicas, creativas… Como decía la abuela: “El mundo, para ser mundo, necesita un poco de todo”.

Para mantener el éxito, nuestro turismo necesita enriquecerse y diversificarse permanentemente, asumiendo criterios de desarrollo sustentable, que además de lo cultural, lo social, la preservación de los recursos naturales, considere la sostenibilidad económica, que hace que el modelo funcione.

Hemos mejorado la relación turismo-medioambiente, y esto es muy bueno; surgen productos de lujo, de ecoturismo, de turismo rural, de aventuras, de deportes y productos comunitarios, y es buenísimo y debe alentarse. Asoma la cabeza el turismo de salud y se apunta al turismo de convenciones y merecen apoyo.

Este proceso de enriquecimiento, que inicia su andar, no tiene futuro empujado como contradicción o “modelo” sustitutivo a la dominante oferta de sol y playa, en hoteles todo incluido.

Como opinión está bien, pero no tiene sustento realista.

Estos proyectos acceden al turismo internacional porque recibimos más de 500 vuelos semanales de todo el mundo, que llegan porque existe ese turismo que se desprecia.

Un ejemplo, de muchos posibles, habla de la conveniencia para el país.

Este turismo calificado de improductivo es el que manejan principalmente los hoteles que consumen productos locales de origen agrícola por unos 20 mil millones de pesos. ¿Debemos prescindir de este mercado? Es la pregunta que deben hacer estos sabios a los agricultores.

En vez de combatirlo, lo inteligente es invertir las energías críticas en propuestas dirigidas a enriquecer el todo incluido.
Por Manuel Quiterio Cedeño

 

 

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