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Resumen Turismo

Silvio, ¡sí valió la pena!

El martes pasado fui al funeral de Silvio Herasme a dar el último adiós a un amigo. Una joven reportera pidió mi testimonio sobre su vida.

Le dije que Silvio fue un periodista valiente, ejemplo de entrega y verticalidad profesional, que desafió el poder con la verdad y los principios, cuando el costo de hacerlo podía ser la vida.

Los muchachos que nos iniciábamos en la carrera, desde el aula universitaria, en los albores de la década de los años setenta, admirábamos a esa generación de periodistas que nos precedía en el oficio, y que él representaba, en un combate sin descanso desde las antiguas Olivetti, por la libertad de expresión y por la democracia.

Eran tiempos difíciles para esos gladiadores de la libertad. Tanto, que las palabras iniciales del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que repetía cada día el noticiero radial Noti Tiempo de Radio Comercial, eran algo así como un himno comunista, aunque solo dice:

“Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias; Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión; ”(fragmento).

Tuve el privilegio de incorporarme muy temprano al periodismo y estar muy cerca de esa generación de gladiadores, que me superaba mucho en edad, en la que Silvio estaba siempre en primera fila. Muchos ya se fueron como sus hermanos Emilio y Don Yiyo, Radhamés Gómez Pepín, Orlando Martínez, Alberto Villaverde, Pedro Ventura… otros permanecen, como Juan Bolívar (un incansable), Pedro Caba, Eulalio Almonte, Onorio Montás, Marino Mendoza, Rafael Núñez Grasals, Luis Minier…

¿Valió la pena? Me pregunté de pie frente al ataúd de Silvio. Sé que aún falta muchísimo por hacer, pero sí valió el sacrificio.

Las batallas de quienes actuaron como él, lograron, por ejemplo, que no esperemos una tormenta política el próximo 15 de mayo, que no tengamos cientos de presos o deportados por sus ideas políticas, que los cuarteles no sean un comité de campaña, o que los generales no sean los jefes políticos de su región.

O que tengamos, otro ejemplo, uno de los regímenes migratorios más liberales del continente, para que lleguen millones de turistas, un imposible para los generales balagueristas que mataban periodistas en los años setenta.
Manuel Quiterio Cedeño

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