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Resumen Turismo

¿Es tan malo el turismo?

Luis José Chávez

En el año 1971,  a la llegada del turismo a la provincia La Altagracia  de la mano del joven empresario  Frank Rainieri, el municipio de Higüey dependía esencialmente de la ganadería y la caña. En la ciudad existían 4 almacenes, 3 farmacias, 2 pequeñas ferreterías, 6 carnicerías, 4 talleres de mecánica, 2 fábricas de hielo, 2 fábricas de queso, 2 aserraderos y  un  pequeño negocio de venta de vehículos.
Higüey contaba para esa época con una oficina del Banco Popular  con 5 empleados, un pequeño hospital público y 4 consultorios privados, 10 abogados, 8 médicos y un ingeniero. También tenía una escuela primaria, un liceo secundario y 2 colegios católicos.
En la actualidad la provincia La Altagracia recibe más del 50% de los turistas que llegan al país, representa la mayor demanda de bienes y servicios por habitantes, la tercera oferta de servicios financieros, la tercera en  consumo de energía y venta de vehículos, aporta más del 12% del PIB, es la zona con la más alta tasa de empleo de su población,  y las viviendas de Higüey se han multiplicado por cinco.
Estos datos,  extraídos de una conferencia del empresario turístico Frank Rainieri, constituyen el mejor mentís a la tesis sustentada por el PNUD y repetida por la asociación catalana Alba Sud, de que  “el modelo turístico dominicano, lejos de implicar un mayor desarrollo para su población, concentra la riqueza y  redistribuye la pobreza”.
El informe de Desarrollo Humano 2008 del PNUD afirma que en  Puerto Plata y La Altagracia, las dos principales provincias turísticas del país, “el Índice de Pobreza Humana es respectivamente 12.3  y 17.2, superior  a la media nacional que es de 10.5.
Lo que no explica el informe es cómo la provincia La Altagracia, con ese modelo “generador de pobreza”,  aporta al Estado más ingresos per  cápita que el resto del país y se ha convertido en el principal foco de atracción de la migración interna.
La realidad es que  el turismo de Puerto Plata y Punta Cana ha generado más riqueza y más empleos per cápita que el resto del país, aunque no ha podido dar respuesta a todos los pobres y desempleados que se desplazan desde otras comunidades deprimidas en busca de las oportunidades que ofrece la actividad turística.
El turismo tampoco ha podido, en adición a su rol de invertir, generar empleos, potenciar la actividad productiva y pagar impuestos, asumir  la tarea de hacer una justa redistribución de la riqueza que produce. ¿Pero esa responsabilidad, corresponde al sector turístico o al Estado?

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