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Una manera de ser tacaños

Los aumentos de impuestos o tasas por servicios públicos siempre generan rechazo y críticas, pero no entiendo la actitud de algunos sectores y personas ante el aumento de la tarifa de peaje.

Uno de los proyectos del gobierno que merece reconocimiento es la construcción y mantenimiento de carreteras, sobre todo esto último, ya que la reparación de la red vial era una asignatura en la que la generalidad de los gobiernos ha obtenido una nota pésima.

Nuestra red vial ha mejorado sustancialmente en los últimos años, sobre todo en los últimos cuatro años en que el Ministerio de Obras Públicas se ha empleado a fondo y exhibe logros notables, con nuevas carreteras, vías reconstruidas y otras sometidas a mejoramiento.

Uno de los mecanismos que ha permitido este esfuerzo es la creación del Fideicomiso Red Vial que administra los recursos que generan los peajes, que por primera vez se están canalizando hacia la inversión en carreteras, el objetivo para los que fueron creados.

El antecedente de esto es la propuesta de Manuel Lara Hernández, que en su paso por el Banco de Reservas negoció que le entregaran el control de los recursos que generaban los peajes (entonces sólo en el Kilómetro 28 de la Autopista Duarte, carretera de San Cristóbal, Autopista del Sur y en la Autopista Las Américas en La Caleta). Con este mecanismo Lara inició el cobro de la cuantiosa deuda que tenía el Ministerio de Obras Públicas con Banreservas.

Este productivo antecedente para Banreservas y Obras Públicas y la aprobación de una moderna ley de fideicomiso, animaron–a mi entender- la creación del fideicomiso que asegura que los recursos que produce el cobro por el uso de las principales carreteras, sirvan para mejorar la red vial, considerada hoy la mejor de Centro América y el Caribe.

No me sorprende que nuestro jurásico sector del transporte público, siempre inclinado a medrar como las sanguijuelas y ofrecer un servicio pésimo y obsoleto, busque en el aumento una oportunidad para seguir drenando los limitados recursos que llegan a los bolsillos de los menos favorecidos, que son la mayoría. Si llama la atención la crítica de amigos de la clase media y media alta que tienen recursos para, hacer turismo interno, gastar en actividades de ocio y comprar autos. La verdad es que el peaje cuesta menos que una cerveza pequeña y viajar a Punta Cana menos que un litro de wiski o vino.

Quizás al Ministerio de Obras Públicas le ha faltado invertir en comunicación para mostrar que esa inversión en la red vial -que tanto se aplaude- es posible por el peaje que pagamos. También debe buscar un mecanismo para cargar menos a los que viven en las ciudades satélites de Santo Domingo (ciudades dormitorio: San Cristóbal, Villa Altagracia y Boca Chica).
Manuel Quiterio Cedeño

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