
Dedicación al buen periodismo gana reconocimientos
Para los periodistas de mi época, asumir esta profesión se necesitaba, entre otras cualidades, tener vocación de servicio a la sociedad. Hablo de los años 70 y 80, porque llegué al periodismo en 1974, 4 días después de graduarme en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Entonces había un poco de todo, pero la vocación de servicio y de responsabilidad social abundaba, pero también tuvo un costo de sangre. Éramos perseguidos y muchos compañero de esos tiempos, y me incluyo, vimos la muerte cerca, porque la crítica, la disensión, eran más que un “pecado”, una actitud de alto riesgo, que podía costar la vida, aunque la responsabilidad profesional y la visión crítica de la problemática política y social no respondiera a ideología cuestionadas, compromisos políticos o militancia partidaria.
Hoy han desaparecido esas nubes negras en el horizonte. El mayor peligro es que te “amenacen” con una funda repleta de dinero. Quizás es mejor decir que, en un ambiente de ingresos escasos donde predominan los bajos salarios, tienten al periodista y le ofrezcan sumarse a la “causa” con un “efectiva” promesa de ingresos no “declarados”. También con empleos, públicos y a veces privados para la pareja, familiares, hijos y más.
Hoy la presión no se dirige, ni llega desde las alturas del poder político o los despachos donde se cuida la seguridad del Estado. La vida no peligra, pero ninguna otra opción está descartada. Todo es posible, por las buenas, las regulares o las malas. Los hijos no están libres del “pecado” (la posición crítica, independiente, insobornable…) de los padres. No hay límites. Nadie envía un “equipo de ablandamiento”, pero aparece alguno que intenta destruir la profesionalidad responsable.
A quienes superaron esos tiempos difíciles, los aplausos llegan al corazón, cuando su ejercicio profesional y sus aportes a la comunicación, se les reconoce con aplausos abundantes en escenarios públicos con fotógrafos, notas de prensa y abundantes aplausos, a sobrevivientes de esos años oscuros.
Los años “duros”, los días “nublados” y las amenazas de aquellos tiempos, que templaron el alma, han quedado atrás. No han desaparecidos los obstáculos, no siempre se aplaude el “hacerlo bien”, puedes ver como a muchas veces la “profesionalidad cuestionable” es favorecida, pero nadie en este oficio teme que le pondrán una bomba en su auto para hacerlo saltar cuando lo encienda; o que un Colt Galan con cuatro hombres armados lo espere frente a su hogar para “ajustar cuentas”, o para lo que sea.
En eso pensaba, el pasado martes 20 de octubre, cuando me llamaron a recibir un premio como fundador de “Resumen Turismo” reconocido en 1996 como la primera publicación diaria dedicada al turismo en América, en un concurso de la Asociación de Hoteles del Caribe, cuyo jurado fue presidido por el presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de Estados Unidos.
Escribo para dejar constancia y animar a mis colegas jóvenes y a los estudiantes de comunicación que he tenido en las aulas universitarias, que trabajan en un mundo exigente, difícil, pero en el que también existen instancias que reconocen a quienes tratan cada día de “hacerlo bien”. Cuando comencé en el vespertino Ultima Hora en noviembre del 1974, esa actitud podía costar la vida. Agradezco el reconocimiento del Premio Nacional de Turismo, y mantengo el compromiso que obliga la tarja recibida esta semana y la colección que ya adorna mi hogar y la oficina de Resumen Turismo. ¡Gracias!