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Crecimiento desbordado de la prostitución aleja el relanzamiento del turismo en Sosúa

SOSÚA.- Pronto se cumplirán 28 años de mi primera visita a esta comunidad como periodista para conocer de primera mano el proceso de crecimiento del turismo. Años antes había estado en la zona, conocía su famosa playa y me sedujo el ambiente que existía entonces.

Por ese antecedente y conocedor de la historia de los emigrantes europeos de origen judío que le dieron vida a esta próspera comunidad, sabía que era un lugar con características y condiciones únicas para atraer el turismo. Así ocurrió.

Sosúa se convirtió en los años ochenta y los noventa en centro turístico, con un encantador ambiente caracterizado por sus pequeños hoteles, la variedad de sus pequeños bares y restaurantes, la mayoría de ellos creados por emigrantes de los  más diversos orígenes. Personas que llegaron aquí buscando una nueva vida y se sumaron a los dominicanos y descendientes de los judíos para alimentar el embrión de sociedad multicultural que arrancó cuando los judíos llegaron de Alemania huyendo de la persecución hitleriana.

Durante mucho tiempo este fue uno de mis lugares preferidos. Me seducía caminar por las calles del centro de la pequeña ciudad que crecía inflada por los buenos vientos del turismo. La calle Pedro Clisante era mi favorita. Sus pequeños bares y restaurantes eran un imán, que provocaban escapadas en mis frecuentes viajes de trabajo a Playa Dorada (Puerto Plata) en los años  1988 – 1996.

Sosúa era entonces, junto con Cabarete, la oferta complementaria perfecta para el turismo de la ciudad de Puerto Plata. Aquí el tiempo pasaba rápido porque había mucho que hacer y siempre quedaba el deseo de volver.  Era una época en que los hoteles de Playa Dorada y sus restaurantes, que hoy son pequeños comparados con los grandes complejos turísticos de Punta Cana, nos parecían gigantes, frente a los pequeños y acogedores establecimientos de Sosúa.

Pero hoy ese lugar idílico del que les cuento está en agonía. Sus últimos encantos sucumben ahogados por el tufo mortal de la prostitución, que amenaza con arrasar lo que aún queda de bueno y arruinar lo que debe ser un lugar próspero para bien del país y sus habitantes. La imagen idílica de la Pedro Clisante, ha mutado a la de Sodoma y Gomorra, ocupada por prostíbulos baratos y mal olientes, y música de mal gusto a volumen imposible.

Me caracteriza el optimismo. Pero con Sosúa estoy por tirar la toalla. Y no es para menos cuando uno sabe que una y otra vez algunas de las principales autoridades de Puerto Plata, incluyendo un influyente viceministro, que debían estar preocupados por esta degradante situación, en cambio afirman que a esta comunidad lo que le va bien es mantener la prostitución como atractivo turístico.