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Aplausos para Frank y Haydee

Manuel Quiterio Cedeño

No suelo escribir es este espacio sobre asuntos directamente relacionados con empresas con las que sostengo una relación como parte de mi trabajo en CICOM, la agencia de comunicación que dirijo desde hace 25 años; pero me apartaré de esta regla autoimpuesta, porque sería injusto, por un prurito ético, no referir la celebración de los 40 años del Grupo Puntacana, este domingo primero de noviembre.
Frank Rainieri y sus socios norteamericanos de entonces llegaron al Este en 1969 cuando Higüey era una pequeña comunidad de 20 mil habitantes sin expectativas, de la que cada año emigrábamos sus jóvenes más ambiciosos buscado futuro en las universidades o la oportunidad laboral que no existía en un lugar atenazado por las fincas ganaderas y la caña, y en el cual las ideas más conservadoras se constituían en obstáculos formidables a toda idea de progreso.
Lo primero a recordar es que cuando los socios de Frank compraron la propiedad que hoy es Punta Cana, era un lugar perdido al “final de la isla” que no era visitado ni por los higüeyanos; y lo segundo es que ellos tampoco tenían un plan realista. Pronto llegaron a un punto en que no sabían qué hacer.
Fue cuando Frank les propuso iniciar un proyecto turístico. Se construyeron diez cabañitas frente al mar y se hizo una pista de tierra para avionetas.
Eran infraestructuras muy modestas, pero tuvieron la virtud de crear el primer escalón de lo que entonces era un sueño.
Frank y Haydee Rainieri trabajaron sin descanso durante muchos años, inicialmente con recursos escasos pero con abundante arrojo.
Su osadía llegó al punto más alto imaginable cuando el Estado descartó hacer un aeropuerto regional y Frank propuso que autorizaran al Grupo Puntacana a hacerlo en su propiedad.
Hoy esto sería normal. Pero al abrirlo en 1984, resultó que era el primer aeropuerto internacional de propiedad privada construido en el mundo.
Ahora el grupo ideado por Frank y Haydee es uno de los conjuntos empresariales dominicanos más importantes, que además de haber promovido el destino turístico más exitoso del Caribe, y la zona de mayor auge económico del país, tiene la más alta distinción que puede ganar una empresa, que son los abundantes aplausos internacionales recibidos por su compromiso social y su gestión ambiental, enfoques que le ha valido una larga lista de premios de gran prestigio.
Me sumo a quienes reconocen a esta pareja a la que su dedicación al trabajo la ha colmado de bendiciones, pero no han olvidado su compromiso con la sociedad. Buen ejemplo en un país descarrilado.

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