
El turismo desarrolló mi provincia. ¡Gracias!
Esta semana escuché a un amigo periodista repetir viejos ataques contra el turismo, un sector cuyo desarrollo enterró ese tipo de discursos en los años noventa. Parece que aún vive en esa década, cuando estaba de moda hablar disparates sobre esta actividad.
Repitió la ya superada calumnia según la cual en el país no se quedaba casi nada de los ingresos en dólares que se atribuyen al turismo. Tan despistado está que sugería realizar una investigación sobre la veracidad de los aportes en divisas del sector. Pero resulta que las cifras sobre el ingreso de dólares a la economía las reporta el Banco Central, que sería precisamente la institución llamada a atender su petición.
La pasada semana, en la Feria Internacional de Turismo de Madrid, el Banco Popular negoció acuerdos de financiamiento por US$6,200 millones; Banreservas, por US$4,200 millones; y el BHD, por US$2,970 millones. Estos financiamientos para proyectos turísticos suman US$13,370 millones. Un muy buen negocio para los bancos, porque se trata de empresas sólidas, con comprobada experiencia en el sector, y muchas de ellas ya tienen vínculos con el ecosistema bancario dominicano.
La “actualización” de este discurso que niega los aportes del turismo al desarrollo del país me recuerda las críticas de los años noventa a la decisión de los bancos dominicanos de canalizar recursos hacia inversiones de reconocidas cadenas hoteleras internacionales, principalmente españolas.
Se pretendía negar a la banca local la participación en un nuevo sector en desarrollo, bajo el argumento de que estaba conectado con bancos de Europa o Estados Unidos, que supuestamente se beneficiaban de financiar un desarrollo local. Se alegaba que, si esos proyectos tenían préstamos de la banca dominicana, entonces no podían considerarse inversión extranjera en el país.
En los últimos 25 años no había escuchado a comentaristas ni a políticos cuestionar la dinámica de desarrollo del turismo. Por eso me sorprendió oír de nuevo la torpe —o absurda, cualquiera de los dos adjetivos se queda corto— versión de que los ingresos en divisas que se atribuyen al turismo son mentira, porque aquí solo se queda el gasto básico. Aun si fuera así, el costo local absorbe la mayor parte del ingreso hotelero. Los hoteles y restaurantes son hoy los principales clientes de muchos renglones de la producción local de alimentos, bebidas y servicios.
La parte más pobre de la crítica que escuché es no reconocer el impacto del turismo en el desarrollo de las comunidades de su entorno. Un buen ejemplo es la provincia La Altagracia. Hasta los años ochenta, su principal actividad productiva era la ganadería y el cultivo de caña de azúcar. En 1970 era una demarcación pobre, con 88,231 habitantes. Higüey tenía 23,781 y Punta Cana no existía.
El turismo cambió el perfil social de la provincia, que pasó de ocupar los últimos lugares a convertirse en la quinta por tamaño de población, según el censo de 2022. Higüey tiene más habitantes (234,233) que 21 provincias. El municipio Verón–Punta Cana, que no existía, tiene hoy más habitantes (138,919) que 13 provincias.
Soy higüeyano orgulloso. Testigo de que, en 40 años, lo único verdaderamente nuevo en la provincia ha sido el turismo. Nos aportó el progreso que no pudieron darnos el ganado ni la caña de azúcar. ¡Gracias!